Si tuviera que destacar dos características que suponen al mismo tiempo una fortaleza y también una debilidad de Asía sin duda me decantaría por ser economías abiertas y su elevada interconexión a través de los mercados financieros internacionales. Su resistencia económica ha quedado clara durante el momento más álgido de la Crisis económica y financiera internacional. Pero, en paralelo, las tensiones que vimos en los mercados financieros (amago de crisis) hace un año también pusieron de manifiesto sus puntos más débiles. Es cierto que generalizar siempre es peligroso. Lo que también significa que centrar el análisis sólo en China como mínimo te puede llevar a cometer importantes errores en las conclusiones. Lamentablemente, los mercados financieros suelen cometer con frecuencia estos errores. Especialmente en momentos de confusión y mucho más cuando es el pánico el que domina a los inversores.

Pero, como he comentado muchas veces, el pánico es irracional. Y en momentos irracionales lo mejor es mantener posiciones. Lo que puede resultar francamente difícil, también es cierto. Algo similar ocurre en situaciones de euforia, tan irracionales como el pánico. Y con tanto de riesgo de errar con el tiempo en las decisiones tomadas. Con esto les anticipo que, más tarde o más temprano, la inestabilidad volverá a los mercados financieros internacionales. Y más allá de imponderables, el origen será la normalización monetaria especialmente en USA. Lo contrario, aplazarla en el tiempo de forma indefinida, conllevará acumular incluso mayor riesgo a medio plazo que podría llevarse por medio la recuperación que tanto ha costado. La cuestión de fondo en este futuro escenario aún sin poder concretar en el tiempo en el caso de las economías y mercados asiáticos es cómo pueden minimizar los potenciales riesgos. La nueva acumulación de reservas por sus bancos centrales de forma reciente y reformas son ejemplos de la cautela con que observan el futuro inmediato.

Veamos algunas cifras. Las economías asiáticas han crecido en promedio desde 2000 por encima del 7 %, explicando más del 44 % del crecimiento mundial. Pero, sólo suponen el 20 % de la demanda. Y esta cifra es importante, dobla al nivel hace quince años, pero no lo suficiente para compensar una crisis mundial con base en las economías desarrolladas. Hay muchos economistas que constantemente recuerdan que el 60 % de la población mundial está en Asia, con un nivel de desigualdad social y pobreza más que inquietante en caso de desaceleración económica internacional prolongada. Sin duda, esta es una amenaza a medio plazo: que las autoridades de estos países propicien un cambio de modelo económico, mejora de los fundamentos de crecimiento y todo ello lleve a un aumento de la clase media al mismo tiempo que de los servicios sociales. Entre medias, los riesgos son claros. Sólo recordar c
omo en apenas 8 meses durante el año pasado vimos revertían una cuarta parte de los flujos de capital hacia estas economías durante los cinco años de Crisis internacional.

Hay otro factor de fortaleza de la zona que sí puede justificar una mirada en conjunto a la hora de valorar el escenario futuro. Me refiero a su elevado grado de integración regional. Países diferentes, con diferentes grados de desarrollo y de especialización. Producción manufacturera y de servicios con estructura vertical, con elevadas sinergias que sin duda seguirán siendo explotadas en el futuro. Un área donde se acumula la mayor generación de ahorro mundial, lo que puede resultar ciertamente contradictorio con el potencial de inestabilidad al que me refería al principio derivado precisamente de la normalización monetaria desde los países desarrollados. Tiempo, sin duda necesitan tiempo para seguir avanzando en una estructura de crecimiento elevado y sostenible. Pero, ¿no necesitamos todos tiempo? En los países desarrollados es un tiempo imprescindible para ajustar los desequilibrio
s, especialmente los de deuda.

José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España