Productividad marginal mala y buena, en función de que su aumento se deba al descensos del denominador o al aumento del numerador respectivamente.

Productividad que se debe a un aumento de la flexibildiad y menor regulación, que favorece la inversión. Esta inversión puede ser por imitación del stock de capital existente o por nueva tecnología. Naturalmente, el que se decante por una u otra va a depender, entre otras cosas, del grado de desarrollo del país en cuestión y del tipo de industria, mayor o menor valor añadido, que tengamos.

Según un reciente estudio del FMI el impacto de las reformas y gasto en inversión tiene un impacto diferente a lo largo del ciclo económico. De acuerdo con los datos empíricos, mayor en el caso de mayor desregulación e inversión en las fases alcistas. Mientras, en la fase bajissta del ciclo es preferible la inversión en infraestructuras para mejorar la productividad marginal.



¿Cómo encajar los resultados anteriores con la recurrente petición desde el FMI para aumentar la inversión en infraestructuras? Pero, es cierto, es más razonable si consideramos las peticiones desde el ECB para llevar a cabo políticas de oferta para potenciar la recuperación actual cíclica de economías como la europea. O incluso la norteamericana, también la japonesa. Peticiones que por el momento han tenido escaso eco entre las autoridades políticas.

Ayer en las Actas del BOE leíamos la también recurrente preocupación sobre la solidez del crecimiento en un entorno de baja productividad marginal. Su conclusión dejaba un cierto sesgo alcista en términos de tipos de interés: el mantenimiento de un escenario de recuperación económica en el futuro pasa de forma clara por un repunte de los precios de consumo, una vez cerrado el slack económico. Aunque obviado por el mercado, es una buena recomendación a futuro.

José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España