Recordemos que uno de los problemas que tuvimos durante la crisis fue esa conexión tan cercana entre las cuentas de cada país y su sector bancario. Lo más preocupante fue que teníamos que la mayoría de la deuda de cada país estaba en posesión de los bancos nacionales, lo que creaba una especie de interdependencia entre ambas partes, ya que si los bancos nacionales no tenían confianza en comprar la deuda del propio país, menos lo iban hacer entidades exteriores, algo que dejaba bastante al desnudo la capacidad de financiación de los países con más problemas, en concreto todos los de la periferia de la zona euro.
 
Alemania estaba muy molesta por todo porque se creaba una situación en donde para que no cayese el sistema bancario, las finanzas públicas debían meterse en medio para rescatar bancos, lo que daba una nueva cuerda a ese grito tan famoso que dice que se privatizan los beneficios pero se solidarizan las pérdidas.
 
El asunto, lejos de solucionarse, se enturbió un poco más tras la aprobación de las reglas en donde se aceptaba que el rescate de un banco en problemas podía no partir del sector público, sino de la utilización del dinero de los accionistas e incluso de los grandes depositantes en el propio banco, para sanear la propia entidad, lo conocido como “bail-in”.
 
Pues bien, todo lo anterior era una manera de meter presión para que los países de la periferia de la zona euro hiciesen los deberes y generasen una corriente económica en donde se pudiese desconectar el dinero público del sector bancario, creando una relación algo más sana, por lo menos en teoría.
 
Sin embargo, los problemas vuelven otra vez a la palestra, ya que la situación que tiene Italia con un pufo de 300.000 millones de euros en créditos con problemas es muy preocupante. El gobierno italiano está haciendo todo lo que está en su mano para dar una solución al problema, que primero pasó por la creación de un fondo de organización pública, pero de participación privada, para hacer frente a la situación, pero el punto negativo de esta solución es que solamente tuvo una dotación de cerca de 6000 millones de euros, lo que se esfumó prácticamente en apoyar la ampliación de capital de dos entidades y quedó muy poco para solucionar el problema real. Ahora, cuando ya la situación está llegando a límites realmente peligrosos, vuelve otra vez la idea de ayudas públicas para solucionar el problema, aunque se descarta que dichas ayudas vayan en forma de recapitalización bancaria.
 
Ahora tenemos que se ha iniciado un procedimiento contra España y Portugal por no cumplir el déficit y el ministro de economía de Francia dice que Portugal no se merece una sanción por incumplir el déficit, porque es imposible decir que el país no haya hecho todo lo necesario para cumplir, aparte de los esfuerzos que ha tenido que hacer para recuperarse de la crisis. Además, ha dicho que están viendo los esfuerzos que está haciendo el Banco Central de Italia para poder solucionar los problemas de su banca y dice que Europa debe tomar nota de esos esfuerzos y lo único que pueden hacer es apoyar dichos esfuerzos para conseguir mantener la confianza en el sistema bancario italiano. También debemos tomar nota que ha dicho que la sanción que podía caer sobre España y Portugal no debe ser realizada de una manera estúpida, carente de inteligencia e incluso cruel, ya que no existe ningún tipo de obligación de hacerlo de esta manera.
 
La cuestión aquí es ese difícil equilibrio entre dejar las cosas como están, dejar que sea la banca nacional la que financie el país, o emprender medidas económicas que agraden a inversores extranjeros (y no depender de la banca nacional para comprar deuda) pero no gusten al ciudadano, lo que es caldo de cultivo para el populismo y dando fruto a gobiernos inestables... lo que lleva a tomar acciones que van en contra del control del déficit para evitarlo. Como vemos, estamos entre la espada y la pared y ya veremos qué conclusión se saca de las sanciones por incumplimiento del déficit
 
A tenor de lo anterior, recordemos que muchísimos ojos están puestos también el sistema bancario alemán, en concreto con los bancos más poderosos y en especial el DT Bank. Ya veremos qué nueva vuelta de tuerca nos trae el destino si existen ayudas públicas al sector italiano, y si poco después el sector alemán se tambalea, Alemania al final tiene que acudir al rescate. Veremos si se apuntan a las ayudas públicas o simplemente dejan caer a su banco para que haga uso de lo que ellos mismos impulsaron, que sean los depositantes y los accionistas los que paguen el rescate, con el perjuicio que trae eso para la confianza.