Recuerdo que hace ya muchos años (parece una eternidad)  los analistas estábamos pendientes de los comentarios de Greenspan, tratando siempre de obtener las segundas o terceras lecturas de sus ellos. Nos enfrascábamos en debates

sobre la interpretación de sus palabras, buscando señales de su proceder en el futuro. Más tarde, en una intervención ante el Senado norteamericano, su respuesta a la pregunta de un senador me hizo poner los pies en la tierra: "si me dice que me ha entendido es que quizás yo no he sabido expresarme bien". Al final, su ambigüedad no era en muchas ocasiones un gesto estudiado. Simplemente es que no tenía nada claro qué debía hacer. El resto, lo que ocurrió después, ya lo conocen.

La situación ahora parece bien diferente. Y me refiero a las comparecencias ante los medios del Presidente Draghi. De hecho, como ocurrió ayer mismo. Pero, antes, estudiemos bien el contexto: el ECB mantiene su política de tipos, no añade nuevas medidas expansivas, con un comunicado posterior por el propio Draghi casi idéntico al de un mes atrás. Naturalmente, pese a que los mercados no esperaban novedades (al menos oficialmente) todo esto cae como un jarro de agua fría con subidas del EUR y ventas de deuda/bolsa. Pero, he aquí que en el turno de preguntas el Presidente del ECB advierte que la falta de novedades en esta reunión debe considerarse como una antesala de lo que se puede adoptar en junio. Y ya con nuevas perspectivas de inflación. Añade que no está confortable con un periodo demasiado elevado de inflación baja y con un EUR que la acompañe al alza. Inmediatamente todos los activos se dan la vuelta, con nuevos descensos en las primas de riesgo y bolsas alcanzando estas nuevos máximos en el año. Ya da un poco igual que más tarde el propio Draghi señale que el ECB no anticipa sus próximas decisiones o que hacen falta más reformas estructurales que no pueden ser sustituidas por la mejora del mercado.  El mercado "ha leído" de los comentarios de Draghi que en junio se va a actuar y que la decisión puede afectar a medidas no convencionales (recuerden como repite que hay unanimidad para adoptarlas si es necesario). El optimismo es contagioso, de forma que hasta la propia bolsa norteamericana que estaba recortando en el momento del discurso recupera posiciones. Al final, todos los activos de riesgo sin excepción se benefician de esta "promesa" de intervenir en un mes. ¿Y por qué no la ha tomado ahora? Es una buena pregunta. La retórica triunfa de nuevo.

Probablemente en los próximos días y semanas volveremos a debatir sobre lo que ha dicho Draghi; sobre lo que ha querido decir; sobre lo que anticipa. Entre medias, escucharemos a otros miembros del Consejo a favor y en contra de nuevas medidas expansivas. Algunos matizaran la posibilidad de adoptarlas en junio. Y también  su calado. Pero, en el fondo, lo realmente curioso es que cuanto más se beneficia el mercado de las palabras de Draghi menos hacen falta realmente estas medidas. Salvo, naturalmente, que el decoupling entre la economía financiera y la real alcance niveles insostenibles. Algo de esto es lo que dijo ayer el inversor Faber, que de nuevo alerta sobre una crisis financiera, incluso en los próximos meses,  ante una desaceleración inesperada de la economía norteamericana y unos precios de los activos financieros inflados. Bueno, ya saben que las burbujas surgen precisamente cuando estallan. Mientras, son excesos. Y la realidad de los activos financieros, más allá de las medidas efectivas y promesas de los bancos centrales, se apoya en la economía real. Es cierto que hace dos años la posibilidad de que el ECB interviniera en los mercados comprando deuda pública y garantizando con ello la supervivencia del Euro supuso el aparente final de la Crisis del Euro. Pero ha sido la mejora de la economía europea, especialmente de aquellos países que más sufrieron la presión de los mercados, la que ha permitido sacar el máximo provecho a la amenaza de intervención de la autoridad monetaria. En definitiva, los bancos centrales con sus medidas, reales o promesas, han permitido que la economía se beneficie del máximo de estabilidad financiera posible. Aunque ahora se trata de avanzar un poco más: se trata de crear inflación (Europa) o de asegurar la recuperación (Estados Unidos). Y para lograr ambos objetivos la política monetaria puede ser divergente entre países y zonas económicas.

Yo creo que el ECB bajará sus tipos de interés en junio y pondrá probablemente el tipo de interés de depósito en negativo. Pero, de entrada, no espero mucho más en la próxima reunión. ¿Por qué inyectar dinero cuando el mercado es capaz de crearlo por si mismo con una revalorización de activos que parece no tener fin? Digan lo que digan, el margen de actuación de los bancos centrales no es ilimitado. Y el mejor ejemplo es el BOJ. Al menos por el momento.


José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España