En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a ver que una baja rentabilidad de la renta fija es algo por lo que debemos alegrarnos porque eso significa que el riesgo país está descendiendo, pero no debemos olvidar que esto en condiciones normales tiene una segunda lectura bastante peligrosa.
 Recordemos que todo el dinero del mundo se pone a trabajar en distintos activos y uno de ellos es la renta fija que se nutre principalmente de los tipos de interés de diversos productos que están referenciados en cierto sentido a la deuda pública, que es la que marca el punto de referencia de todos ellos. Pues bien, cuando la deuda pública baja muchísimo su rentabilidad, deja de ser atractiva y muchísimo dinero tiene que emigrar a otros productos buscando una rentabilidad que permita a sus dueños poder hacer frente a sus obligaciones, como por ejemplo las aseguradoras.

Si el activo más seguro no cumple nuestras expectativas, deberemos arriesgar ese dinero para buscar esa rentabilidad objetivo que permite sobrevivir al negocio, lo que pone en riesgo ese dinero y al propio negocio. Esto es en lo que se está fijando el Banco Central Europeo y ha advertido de que al mismo tiempo que se intensifica la búsqueda de la rentabilidad también se incrementa la preocupación por la posibilidad de una reversión desordenada de los flujos de inversión. Para ello, dice que hay que asegurarse de que no vuelven a aparecer las condiciones que tuvimos en la crisis y pide que tanto las aseguradoras, fondos de pensiones y los bancos deban tener colchones que puedan aguantar la normalización de las rentabilidades.

Por poner un ejemplo, volvemos a ver el efecto carry trade en las divisas y el par Dólar Yen es el más mirado, ya que si las rentabilidades bajan demasiado, pueden cerrarse posiciones en las operaciones en estas divisas y mandar una señal similar al mercado que ya se produjo al principio de la crisis.