Pocos esperan novedades del FOMC de este miércoles. Y yo no soy una excepción. Naturalmente, sí espero (como el resto) que siga procediendo con el Taper de 10 bn. hasta situarlo en 45 bn. Cuarto mes consecutivo de reducción en las compras mensuales de papel, en un proceso “con piloto automático”. Pero, es precisamente esta valoración (proceder de forma automática) la que probablemente será objeto de discusión en la Reunión. No, no me refiero al proceso de reducción en la compra mensual de papel. Esto es complicado que cambie a muy corto plazo. Pero quizás en esta reunión se aborde por primera vez de forma decidida cómo y cuándo reversar la política monetaria expansiva actual. Reducir liquidez e iniciar la normalización de tipos. 
¿Les incomoda hablar del tema de tipos?. Probablemente más de un consejero de la Fed tenga esa misma impresión. ¿Es preciso que sea ahora? ¿y por qué no esperar a otro momento futuro más adecuado? Pero la realidad es que, al final nunca se va a encontrar el momento adecuado. Algo similar ocurrió en mayo del año pasado, referido precisamente al Taper. Hasta diciembre no se ejecutó y en septiembre, con el mercado preparado para ejecutarlo finalmente no se hizo poniendo en cuestión la credibilidad de la Institución y su tan trabajada transparencia. Esto no debería volver a ocurrir. Al final, es posible que ahora se ponga en cuestión la estabilidad financiera lograda pero sin que a medio y largo plazo se cuestione la credibilidad e independencia de la Institución. Por esto precisamente se debería discutir en esta reunión ya el cómo y el cuándo comenzar a dar marcha atrás en las medidas expansivas. Con calma, claro. Intentando que los mercados lo asimilen de forma natural. Pero, al mismo tiempo, zanjando antes de que se formen excesos de precios en los activos financieros que a la larga pueden convertirse en un nuevo factor de riesgo y detonante de nuevas crisis. 

Ya sé que aún hay enormes dudas sobre el slack económico. El desempleo estructural de larga duración debe ser atajado con medidas estructurales. Pero, ¿hasta qué punto no incluye un componente cíclico al que influir con medidas monetarias? Esto es lo que busca la Fed al mantener todo el tiempo que sea posible la política monetaria expansiva. Pero ahora no puede ignorar que la mejora económica ya durante el Q2 parece generalizada y que comenzamos a sentir los primeros indicios de subidas salariales. Tampoco debe ignorar que la deuda (empresarial) se recupera a un ritmo superior a la propia inversión. Y tampoco puede pasar de largo el debate actual sobre el impacto de la política monetaria y de la revalorización de activos financieros que favorece a la desigualdad social. Por no hablar de las dudas sobre la sostenibilidad en el tiempo de la revalorización de activos mucho más rápida que la recuperación económica, argumentada a corto plazo en la comparación de precios relativos con las bajas rentabilidades de la deuda como indicador base. Al final, se debe evitar confundir las medidas excepcionales expansivas con medidas regulares en el tiempo.

Y en este punto estamos. No, no esperen un giro drástico en el mensaje de la Fed pese a todo lo anterior. Lo ocurrido con el Taper nos debe preparar para la cautela y prudencia con la que actúan los bancos centrales. Además, el propio balance de la Fed y el exceso de liquidez de las empresas y familias no parece un escenario propicio para cambios drásticos de mensajes y en las expectativas de tipos. Lo que no significa que se deban obviar que estos cambios se están preparando. Así, la Fed debería ser cada vez más transparente sobre el proceso que seguirá para retirar liquidez que por fuerza debe pasar por tipos de interés más elevados. Y la Fed debe ser clara sobre el nivel de tipos objetivo a medio plazo, relacionándolo quizás con variables como la tasa de desempleo natural, la inflación o el crecimiento potencial. La Fed debe ser también transparente al reconocer los riesgos actuales en el mercado. Y uno de ellos, como decía antes, es propio nivel demasiado bajo de tipos de la deuda.

José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España