Ayer conocimos que la confianza de consumo USA descendió de forma inesperada en julio.

Hasta 90.9 desde el 99.8 de junio. Pero el nivel más bajo desde septiembre pasado.

En el fondo, no podemos hablar tanto de consumidores más pesimistas como de expectativas de consumo menos optimistas. Cuestión de psicología.




Hoy hemos conocido que la confianza de consumo alemana se ha mantenido estable en agosto en niveles de 10.1.

Con todo, en este caso no ha habido sorpresas: el dato de agosto es el segundo más alto del año, sólo comparables a los niveles de 2001.

Llamativo como la encuesta muestra un cierto deterioro en las expectativas derivada de la salida de la Crisis griega, compensando de esta forma la propia mejora en las expectativas de ingresos.



En Francia hoy también se ha publicado la encuesta de consumo de julio, pero en este caso retrocediendo hasta niveles de 93 desde 94.

Por debajo del nivel promedio de 100.

Dos años atrás alcanzaba su nivel histórico más bajo de 79.

Pero lejos el dato del máximo alcanzado en 2001 de 125.



¿Conclusión? Ya no es sólo disparidad en su evolución, como que las razones detrás de esta disparidad son poco uniformes.

Por ejemplo, los consumidores USA advertían de forma implícita de un potencial futuro deterioro del mercado de trabajo cuando la propia Fed discute sobre el momento de alcanzar el pleno empleo.

En Alemania los consumidores temen el desenlace de Grecia, asumiendo (y temiendo) los costes de su rescate.

En Francia, la realidad es que los consumidores valoran pocas novedades para el futuro próximo. Un impasse derivado de la falta de alicientes que encuentran tanto en las perspectivas macro e ingresos.



Naturalmente, es una encuesta. Y las encuesta, siempre útiles, se enfrentan a la debilidad de las respuestas en entornos de incertidumbre. Como el actual.



José Luis Martínez Campuzano

Estratega de Citi en España