Según algunos medios, uno de los debates más intensos (y aparentemente fueron unos cuantos) que mantuvo el Primer Ministro Tsipras con el resto de las autoridades europeas se centraba en el FMI: las autoridades griegas rechazaban que la Institución Supranacional formara parte del nuevo Programa de asistencia. Y de hecho el lunes pasado volvió a impagar otros 450 M. de EUR en una deuda con el FMI. Pero, para los acreedores era fundamental que la Institución formará parte de la asistencia. Así, parte del crédito puente que podría aprobarse este mismo viernes se dedicará a pagar la deuda con el ECB y también con el FMI.

Pero, ¿por qué este encono griego con el FMI? De hecho, dejando al margen las palabras mayores que hemos escuchado (podríamos hablar de insultos), me recuerda bastante al debate al que asistimos a principios de Siglo en Argentina con el abandono del peg al USD y la reestructuración de su deuda. Quince años después la relación entre las autoridades argentinas y el FMI siguen siendo limitadas.
Simplificando mucho, el Gobierno griego han enfocado sus dos acusaciones sobre los acreedores internacionales en la necesidad de que impere la democracia y soberanía nacional (a los acreedores europeos) y el fracaso de las medidas de austeridad (FMI). Especialmente, esto último ha sido objeto de fuertes ataques oficiales. Pero, ¿tiene sentido?.

A mediados de la semana pasada el Economista del FMI volvió a publicar una breve nota en su blog aludiendo precisamente a la racionalidad de estas acusaciones....

http://blog-imfdirect.imf.org/2015/07/09/greece-past-critiques-and-the-path-forward/

¿Cuáles han sido las principales críticas desde las autoridades griegas?

1. El Programa de asistencia de 2010 sólo sirvió para elevar la deuda y fue demasiado agresivo fiscalmente
2. La financiación de Grecia fue usada para repagar a los bancos internacionales
3. Ajustes y reformas han llevado a la economía a la depresión
4. Los acreedores no han aprendido la lección y siguen demandando las mismas política erróneas

Con respecto al primer punto, Blanchard recuerda que la deuda en 2010 era de 300 bn. EUR (130 % del PIB). El déficit superaba el 15.5 % del PIB, equivalente a 36 bn. EUR. Y un déficit primario del 10 % del PIB. Bajo estos números, ¿había alternativas a los ajustes? Realmente había pocas opciones, cuando la Asistencia ha permitido que fuera ordenado. ¿Su intensidad? La situación de partida era demasiado dramática como para no aplicar un ajuste intenso.

Por lo que respecta al segundo punto, los cierto es que la reestructuración de la deuda privada (200 bn. al 50 %) fue aplazada dos años desde 2010 debido al temor al efecto contagio, especialmente. Y fue significativa. Además, la introducción de deuda en manos oficiales se hizo con unas condiciones mucho más favorables que la deuda privada existente.

El Economista jefe del FMI combate el tercer punto anterior de forma simple: la fuerte caída del producto no sólo ha sido consecuencia de las reformas y ajustes, por otro lado incompletos y más limitados a lo previsto. Además, problemas de confianza y políticas poco consistentes pueden explicar en buena parte la fuerte debilidad del producto.

¿Y el último punto? Sin deuda y con financiación no harían falta ajustes. Pero las reformas serían necesarias de cualquier forma.
Con todo, es evidente que la reducción de la deuda depende de decisiones políticas (y democráticas, del resto de los países) cuando la financiación por el mercado está cerrada. En este escenario, el FMI aboga por una combinación de ajustes, reformas y reestructuración de la deuda. ¿Una política errónea?

José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España