Dice que a pesar de la determinación del BCE para conseguir sus políticas laxas, otros actores necesitan hacer su parte. Comenta que las incertidumbres se mantienen y que nuevos puntos de volatilidad extrema pueden no ser evitados.
 
Considera que deben permitir que las medidas tomadas en marzo produzcan sus efectos, pero al mismo tiempo van a vigilar de cerca el desarrollo de los acontecimientos.
 
Dice que, al mismo tiempo que espera que la recuperación de la economía global gane tracción y los problemas para la misma se vayan disipando poco a poco, hay otros muchos factores que podrían potencialmente hacer descarrilar esa recuperación.
 
Algo que está preocupando a todo el mundo es que el consumo interno no acaba de ser lo suficientemente fuerte y él admite que el apoyo de la demanda externa será considerablemente más baja que lo que había antes de la crisis incluso si no hay más factores de peligro que acaben presentándose.
 
Acaba reafirmando que el BCE seguirá haciendo todo lo que sea necesario para conseguir su objetivo de alcanzar un nivel de inflación cercana al 2% y que todavía hay suficientes herramientas de política monetaria que pueden usarse.