Confusión como la que estamos viviendo todos los que trabajamos en los mercados desde principios de año. Presión al alza de los activos financieros,  
en demasiadas ocasiones totalmente desconectados de la realidad económica, descorrelación entre los propios activos y con volúmenes claramente a la baja. Fuerte descenso de las volatilidades, en un escenario tan complejo como el actual, que no reflejan para nada la percepción de riesgo que todos sentimos. (y que el propio BOE y la Fed han admitido). Al final, la realidad de un mercado alcista se impone a la racionalidad de inversores y analistas.



Conmoción cuando descubrimos, algo tarde, que los datos macro de tipo cuantitativo no se ajustan a lo esperado. Comenzando por los resultados empresariales, siguiendo con los datos económicos (cuantitativos) y finalmente con el propio deterioro de las expectativas. El deseado futuro se hace realidad en el presente en condiciones peores a lo descontado. Es una situación totalmente opuesta a la que vivimos un año atrás: en aquel momento los mercados obviaron la mejora económica quizás influenciados por pronósticos iniciales demasiado negativos. Ahora, los mismos inversores obvian los indicios de una recuperación menos fuerte de lo previsto aprovechándose de una inercia alcista de los precios y con bancos centrales titubeantes a la hora de pronosticar la propia gestión a futuro de la política monetaria. De un enfoque cuantitativo a otro cualitativo. Eso dicen.



Colapso cuando los niveles de los activos no van a más. Realmente, cuando el deterioro sutil de los datos macro ya no lo es tan sutil. Y especialmente, cuando los mensajes ambiguos de los bancos centrales (promesas y retórica incluidos) han ido demasiado lejos. Muchos empiezan a cuestionar el carácter indefinido de la política monetaria. Y si la macro y el empuje de la política monetaria se ven cuestionados, todo el edificio se tambalea. Pero, esto es un caso extremo que aún estamos lejos de ver.

Al final, fuertes descensos en las bolsas ayer que comenzaron en Japón cuando ante unos datos de crecimiento del PIB durante el Q1 muy por encima de lo esperado se alejaron ya de forma definitiva la posibilidad de nuevas medidas expansivas desde el BOJ a muy corto plazo. Luego, veremos.

Continuaron en Europa con unos frustrantes datos económicos del Q1 en Francia e Italia, cuando los de Alemania sorprendían precisamente por lo contrario. Pero, con una evolución clara de más a menos anticipando con ello que el Q2 de la economía alemana será sin duda mucho peor de lo que hemos visto en los primeros meses del año.

Y finalizaron en USA ante una combinación de datos macro negativos (encuestas de confianza incluidas) y perspectivas no muy positivas de ventas para el futuro por parte de Wal Mart . Demasiado en su contra.



Pero, de cualquier forma, no se inquieten: es positivo que los mercados al final reflejen (o al menos lo intenten) la realidad y especialmente un futuro aún rodeado de incertidumbre (antes no he mencionado la geopolítica….debería haberlo hecho). Pero, la recuperación aunque vacilante en algunos países y áreas, decididamente menos fuerte de lo previsto en el resto, seguirá su curso. Y los bancos centrales seguirán apuntalándola en lo posible. Pero, como he dicho en otras ocasiones, creo firmemente que el protagonismo omnipresente actual de la política monetaria debería ceder el paso ante ajustes fiscales pendientes (dilatarse…bien; aplazarse de forma indefinida hasta tiempos mejores….no tan bien) y ajustes estructurales. Naturalmente, esto puede tener un impacto económico, social y político negativo a muy corto plazo. Pero, sin duda, es una garantía de un crecimiento sostenible y creciente a medio y largo plazo.



¿Y los mercados? La inestabilidad se mantendrá a corto plazo. Pero esto va a generar nuevas oportunidades de entrada con precios algo más razonables a los actuales. Quizás simplemente sea más tiempo para consolidarlos en precios no muy lejos de los actuales.





José Luis Martínez Campuzano

Estratega de Citi en España